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La felicidad es la mejor forma de desarrollo

En un ejercicio de escritura y comunicación con comunidades indígenas que se desarrolló en el norte de Colombia surgió una bonita concepción de lo que se considera desarrollo. Es valioso observar cómo las comunidades con formas de vida distintas comunican su visión de la vida. Este texto es un buen resultado de los talleres étnicos participativos con comunidades. Leamos esta conclusión:


¿Es desarrollo que un joven compre un automóvil para ir a su trabajo todos los días? ¿Es desarrollo que una ciudad prohíba los vehículos que generen emisiones de carbono? Probablemente ambas ideas del desarrollo son ciertas, en principio porque no existe una forma homogénea en la que se pueda definir ese concepto que tanto los gobernantes conservadores como los liberales utilizan. Muchas personas comulgan con esa tesis del nobel de economía, Amarthya Sen, de que el desarrolla es libertad… y mucha felicidad.


Quizás el centro del debate está en esa palabra, la felicidad. Entonces, ¿qué produce felicidad? Probablemente los indígenas arhuacos pueden ofrecer una cátedra sobre estos, aunque a la luz del mundo occidental carezcan de un conocimiento científico. Contemplar la tierra y habitar en ella es una forma de felicidad y, por supuesto de desarrollo. Pero no todos los ven así, de hecho, un gran número de personas consideran que la no generación de riquezas es subdesarrollo. Esto es un debate interminable que, en tiempos de emergencia climática, cobra mayor relevancia.


Existen unas visiones distintas de ver la vida que si bien se contraponen entre sí requieren de la naturaleza para soportar la vida. Por lo tanto es un reto conseguir un punto de equilibrio entre las visiones del desarrollo. ¿Es posible? La realidad ha mostrado que hay una visión predominante que avasalla por completo la diferencia, pero que gusta porque genera bienestar y hace la vida más placentera. Disponer de un vehículo que nos transporte o vivir en una casa que nos proteja de la intemperie producen bienestar. Empero, esto genera unos impactos en la tierra de los cuales no siempre se tienen consciencia.


En la otra visión del desarrollo están quienes ven la tierra como un todo que se venera y que debe permanecer inalterable pese a la vida misma. Así es como los indígenas arhuacos conciben el desarrollo. Se puede ser feliz sin mayores comodidades y anteponiendo el bienestar espiritual ante lo material. Este punto de vista puede ser particularmente conflictivo cuando dos culturas tan distintas deben confluir en un mismo punto. Y de esto existen diversos ejemplos en el mundo. Están quienes se rehúsan a cambiar sus formas de vida y están quienes desean imponer su visión de la vida en el lugar donde habiten.


El anterior representó un gran reto, puesto que se debió interpretar una visión de desarrollo de comunidades que hablan una lengua distinta al español. Como productores de contenidos, capacitadores en comunicación escrita y oral y talleristas, estamos abiertos al reconocimiento de la diversidad y a la integración de las culturas, en eso consiste justamente la asertividad de la comunicación, en transmitir las ideas de otros sin juzgarlas.


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