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Así es como las editoriales escriben párrafos que todos leen


De nada sirve escribir algo que nadie leerá.


Un buen párrafo tiene máximo siete líneas, se vale de ideas claras y expone ordenadamente los argumentos que apoyan la tesis o idea central de un texto. Así es como en las editoriales y los medios de comunicación se organiza la información a fin de que esta sea plenamente atractiva para los lectores. Esos párrafos densos, repletos de reiteraciones léxicas e ideas sueltas que superan las doce líneas, se consideran como poco empáticos y, en algunos casos, como una falta de consideración al lector… y si es para un lector de medios digitales, aún más.


En la escritura, como en la vida, se establecen consensos, y los párrafos concretos, con información de valor y sin tantos preludios (a excepción de los géneros narrativos) son un punto en común que tienen los redactores de contenidos. Hace varios años, cuanto más extenso fuera un párrafo, mejor. Si se aprecian los libros de hace un siglo se evidencian textos sin espacios y con un lenguaje que a la luz de hoy se considera denso y poco comprensible. Todo cambia, y la escritura no es la excepción.


Es de anotar que varios de esos cambios en la composición de los párrafos se deben a la irrupción de los medios digitales y su consecuente saturación de la información. Por poner un ejemplo recurrente en el mundo corporativo, es común que un analista de compras de una empresa reciba hasta ochenta correos electrónicos por día. ¿Pueden imaginar la saturación a la que están expuestas quienes deben responder peticiones o dar respuestas a las solicitudes en una empresa? Ante la proliferación del contenido se deben realizar cambios en la escritura a fin de hacerla efectiva. De nada sirve escribir algo que nadie leerá.


Ser directo y puntual con la información es una habilidad que cobra valor en la era digital. Si se es capaz de llamar la atención del lector y expresarle una idea en un tiempo corto, preferiblemente inferior a los 15 segundos, el texto habrá cumplido con su objetivo. Y eso algo de lo que poco se habla. Las personas suelen escribir sin tener una intención, lo cual es un error. Todo texto debe tener un objetivo, como por ejemplo hacer que una persona dé clic y abra un correo o que alguien decida contactar a una empresa para comprar un producto… o que un chico o chica acepte una invitación a salir. Todo se trata de intenciones.


Este artículo bien puede resumirse en tres consejos: 1) escriba párrafos cortos, 2) sea directo con la información y 3) establezca objetivos (es decir, piense en cómo cada una de las ideas de su escrito puede ayudarle a cumplir con eso que lo motivó a escribir).


Hemos dicho que se deben escribir párrafos cortos para que sean efectivos, ¿pero cómo hacerlo? No es difícil, pero requiere planeación. Tenga presente que las buenas ideas en la escrituras, contrario a lo que comúnmente se cree, se planean, no suelen ser tan espontáneas. En primer lugar, identifique cuál es la idea central de su texto y luego, en cada párrafo, agregue un argumento o idea de apoyo de forma directa, sin tantas perífrasis. Es como una cascada. Algo que sugiere la técnica de la pirámide invertida es que las ideas o datos de mayor relevancia deben ir en los primeros párrafos.


De lo más importante a lo menos relevante, esa es una forma exitosa de crear textos poderosos con párrafos verdaderamente funcionales. No ubique datos porque sí, o porque le parece que son buenos, piense en si esa información funciona para su objetivo.


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