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El cambio climático, un asunto global de responsabilidades compartidas


El agotamiento de los recursos naturales por el consumo excesivo le interrumpe a la tierra su ciclo de renovación, es decir, no le permite generar eso mismo que las personas requieren para vivir, como agua y alimentos. Hoy, esa falsa concepción del adjetivo “renovable”, ha provocado una sobrecapacidad que tiene en crisis a todas las formas de vida. Si bien no todos los habitantes padecen los efectos de derrochar recursos, en general sí existen responsabilidades distintas. Cuando se dice que el cambio climático es una responsabilidad colectiva es porque todas las personas generan impactos al ambiente y usan sus recursos para vivir. Claro, la huella de carbono de un campesino en un país como Colombia será muchísimo más baja que la de un habitante de Luxemburgo con tres automóviles.

El cambio climático demanda grandes desafíos, y uno de ellos es la conciencia. Aún persiste la idea de “yo no contamino” y “esos países industrializados son los que dañan la tierra”. Nada más lejano a la realidad, en parte porque los productos que esas superpotencias generan se exportan a todo el mundo. El iPhone, los televisores y la ropa que usamos en general han requerido agua, oro o hidrocarburos y todo esto junto genera emisiones de carbono. Es así como las personas deben tomar conciencia y asumir su responsabilidad. Una de las formas en que se pueden contribuir desde el entorno es limitando el uso de recursos como la energía eléctrica o el agua y hacer del reciclaje un hábito diario. Esta fórmula no es más que la aplicación de la regla de las 3R de la ecología (reducir, reutilizar y reciclar).

La educación ambiental es un área transversal a toda política para mitigar el cambio climático, es así que no se puede esperar a padecer los efectos para iniciar el cambio. La idea de que el calentamiento global o los gases de efecto invernadero es algo lejano que a “nosotros eso no nos afecta” resulta errada; por esta razón, se debe orientar a los ciudadanos, principalmente a quienes habitan en los ecosistemas, para que sean verdaderos garantes en la protección de los recursos como los árboles, agua y especies. Justamente esas personas que conocen los territorios deben hacer parte en las campañas que, tanto entes gubernamentales como civiles, realizan para compensar el impacto de sus operaciones.

En realidad la actividad industrial no se puede detener, pero sí es posible transformarla y hacerla sustentable. En ese propósito, el reconocimiento de que se impacta al medioambiente es un verdadero inicio para compensar los impactos negativos a los ecosistemas.

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